Jaulas
La superficialidad del arte reside ahora en la simpática anécdota a recordar. Cada galería contaba con aproximadamente una decena de obras y sus guardianes. Si sólo había una persona, descartada. En la mayoría encontrabas al menos dos, el artista y su marchante. Ambos atrapados en su espacio artístico sin puertas, sin líneas, sin techo, sin cobijo frente a las masas de gente impúdicas cacareando opiniones e incapaces de adentrarse en otros espacios colindantes. Sólo hay una religión para el arte, si estás dentro, tienes licencia para construir tu propio Dios y venderlo. Tendrás la tranquilidad de que si te defrauda, siempre puedes matarlo.