Simetría, la inesperada vuelta
Ecuación
temporal
(5+283+4)·(días)= 5 explorando, 283 viviendo y 4 el inconsciente reencuentro, ¿fin del ciclo?
200 conocidos, 3 amigos, 2 admiradores, 1 casa, 1 azotea, 1 palacio, 1 jardín, 250 cenas, 3.000 cervezas, 500 botellas de vino, 40 de ginebra, 40-tantos polvos, 80 fiestas hasta el día siguiente, 220 paseos al sol y 100 de noche, 250 días sin prisa, 0 exámenes, 20 pruebas académicas, 50 películas, 20 conciertos, 300 discos escuchados por primera vez, 1.000 nuevas palabras y 3 sonidos nuevos, 100 horas mirando el río, 500 el océano, 30 el suelo, 6 viajes, 4 viajecitos. Vuelvo a Porto la semana próxima con los tres amigos que hice allí. ¡Hurra!
Rutina y mentiras
Me doy cuenta de cuánto te echo de menos el mismo día en que me llamas y nos pasamos horas hablando aunque hace tan sólo diez días que nos despedimos y sin embargo a tí te echo tanto de menos porque no has pasado tiempo conmigo.
Espejos
Se abalanzó sobre la bolsa verde que contenía una pegatina con su nombre escrito con una letra pulcra y delicada que no consiguió reconocer. En su interior un pequeño paquete envuelto con papel pinocho también verde marca de la casa de la tienda donde casualmente había estado hacía un par de días. Un lugar lleno de artilugios de diseño en el que no recordó ningún objeto destacable cuyo tamaño cupiese en la diminuta bolsa a la que estaba atacando. Descubrió el papel y vió un gancho de plata que tenía en un extremo una pieza redonda con una mariquita forrada de tercipelo negro en la parte inferior. Fue incapaz de reconocer cómo se debía coger y menos usar. El reflejo desconcertante de sí misma en ese objeto que tuvo entre las manos el resto del día. Lo fue mostrando estupefacta preguntando para qué servía sin saber que llevaba un año necesitándolo, era una percha que se apoyaba sobre una mesa para colgar el bolso. Todos los días gruñía porque se le caía de su silla de trabajo. Incluso el día que tuvo un bonito presente para colgarlo.
Manual para montar una fiesta en la ciudad
Una de las maravillas de los festivos, es poder celebrar el día antes cualquier cosa. De repente, todo el que te ve desea celebrarlo contigo, es más, desea fervientemente los estúpidos objetos con los que te debes ataviar para dar a conocer al mundo que tú si que eres una fiesta. Apenas pasar por delante de una tienda abastecedora de gorros, matasuegras, carracas y demás artilugios festivos, debe ser una excusa para cambiar un atuendo que por muy colorido que sea no deja de tener alma gris. Expecialmente si es un día
normal
.
Puestos los gorros, la reunión debe ser en un sitio kitsch encontrado por casualidad donde no se conozca a nadie y al lado de la mesa debe haber un grifo que tiene una tubería que acaba en lámpara que se regula con el pie al lado de la pata de la mesa. El camarero será más simpático y la cerveza sabrá mejor. En el techo salamandras agarradas al techo de madera pintado se mantendrán quietas expectantes. La idea surgirá de manera natural:un regalo. Se decidirá un objeto o prenda, preferentemente inútil y que pueda comprarse en un bazar chino. Terminadas las bebidas, se procederá al paseo por algún pequeño barrio céntrico repleto de bazares chinos. Se reagruparán inevitablemente los amigos y los que caminen adelantados saldrán corriendo por sorpresa perdiéndose entre las calles. La búsqueda será ingeniosa, y la entrega se realizará en el lugar de encuentro horas después. Adjudicados los presentes, se cocinará, cenará y los amigos se perderán de nuevo por las calles y bares de la ciudad hasta que
su fiesta acabe.