La máquina Magneto
Pensándolo bien, la máquina Magneto me recuerda a La Naranja Mecánica. Desde luego debe llevar unos cuarenta años en activo y se mantiene muy digna con su cama forrada de cuero. Como las enfermeras de este sitio no se saben mi nombre ni el de nadie ya que soy un 30-magneto, a veces mascullan frases y hoy entendí que decía el refuerzo ¿dónde?, y es que toda ella emite ondas y por los pies que me los dejó tiesos y bien pegados al aparato ese. Así que sabido eso, me aventuré y pegué bien los brazos.
La imaginación
Sentado en el bordillo de uno de los andenes del intercambiador estaba un niño, más pequeño que una rueda de autobús y con los ojos más abiertos que cualquiera de los que le rodeábamos, montones de gente representando la
espera, que ya saben que en cada autobús caben un autobús y medio de personas, que la producción no rinde pero el hombre puede seguir siendo alienado sin decir ni mu ni pestañear amén de alguna pataleta vociferada con la sordina bien preta. Entre las colas de gente había unos cuantos
distinguidos por mirar fijamente al niño y a través de sus ojos ver otros mundos sin duda menos inquietantes que éste.
El abrazo
La sensación más agradable que he tenido en los últimos días, ha sido en medio de un entorno no digamos hostil, pero sí aséptico. Alguien por detrás me ha puesto su chaqueta de lana gorda sobre mis hombros y yo apenas me he dado cuenta hasta que ha retirado sus manos de ella. He intentado cazar el instante pero se ha ido y yo me he guardado a cambio la cara delicada que empareja con esas manos y esa chaqueta de lana gruesa y ligera. Momentos como éste han sido aniquilados por las mujeres a golpe de fanático feminismo, cuyos principios van
teledirigidos junto con resto del sistema:
contranatura.
Qué cuentan las plantas
En mi pequeño estudio del centro, decidí poner dos plantas sobre el alféizar de la ventana de la terraza. En primavera cuando me siento algunas tardes a ver la gente pasar por mi calle, escucho lo que se cuentan. Hablan de las vidas de las terrazas de al lado, sus plantas, sus perros y sus personas que leen, que fuman, que observan. Se miran sus patas atadas a la tierra de las macetas que yo les pinté y se cuentan sus planes de viaje. Porque mis dos plantas que han visto mucha más vida que yo de mi calle, quieren ver mundo y quieren verlo juntas.