domingo, julio 31, 2005

La chaqueta del director de orquesta

Los pliegues de la chaqueta del exaltado director de orquesta que confunde la fluidez con la premura se agitan y me sobresaltan. Sólo veo la chaqueta que domina el escenario, la sombra rojiza que producen los farolillos de la fachada del edificio del fondo y violines, violas y más violines que corretean y se resisten a someterse a una ejecución tan malvada.

jueves, julio 28, 2005

Patio con bañera

Hace años, sí, el tiempo ha tomado dimensiones a tener en cuenta, que el tapa bocas deslenguadas es la seguridad de que solo su mero avance proporcionará un vaciado de otra nueva laguna apenas descubierta.
Afuera en el patio está la nueva bañera aún empaquetada, no la he abierto porque no es mía pero sé como es porque la elegí yo, como si fuera para rellenarla de mis aguas. La miro de reojo todas las mañanas y me veo abriendo la caja con cuidadito mientras los demás trabajan, volcándola para sacarla del todo, y le pongo el vaciador automático que aún es manual porque tengo que encajarlo. Apenas lo he hecho todas mis lagunas la llenan. Mi laguna de por la mañana, la de por la tarde, la laguna de mi vida y la de mi muerte que aún no conozco.
Mi mano me agarra del cuello fuerte, me mete la cara y quiero tragármelas todas de golpe. De rodillas la abrazo, contenedora de mis peros y sombras, angustiada por recuperar la respiración, la vista, secarme la cara y mirarla de nuevo tan llena como antes. Entonces quito el tapón y se queda ahí sin nada y yo con mucho menos. Las tablas de madera tropical que cubren el suelo del patio en el que da el sol sin aceite ni nada que las proteja, las que la han sostenido todos estos días esperándome, reciben su agua.

martes, julio 26, 2005

La caída de la Cenicienta

Cenicienta que se calza el zapatito que le aprieta y ahoga pero reluce, sorprendida a deshoras por una lluvia de hollín negro, embarrada de suciedad ajena, no recuerda cuando se vistió los guantes que la protegían las manos de la porquería. No se acuerda de nada porque el zapato le corta la respiración, el viento le empapa los ojos con polvo húmedo y negruzco, que apesta a ceniza, y ella solo piensa atolondrada mientras se arrastra.

Mi Julio, mi galán, quitáme el hollín de la piel, la piel sobre mi piel, quitámela toda y acariciáme. Quitáme el zapato manchado también, los guantes de dama, los óculos de vieja enjuta, desprendéme de todo lo accesorio que me ha sido vestido por el día y la noche. Que no quede nada de nada y esté todo lo que yo soy, porque me conozco y no cabe bajo este disfraz de Cenicienta que me adjudicaron. Solo podré estar yo, sola en mi lecho infinito, donde caben dos mundos y el nuestro, de lejos, apretando contra el cristal y yo mirando embobada pero cubierta, no querés salpicaduras don Juan, no las querés para nada.

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Lloro bajito porque echo de menos el hollín sucio que me bañaba entera.

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lunes, julio 25, 2005

[..]

Esto no es un post. Es una tonterí­a.

Resueño

Habitualmente recuerdo a la gente por detalles irrelevantes. Hoy retumbó en mi cabeza una frase que me dijo un novio indio que tuve hace 4 años. Estás enjaulada. Un recinto absurdo, lleno de puertas echadas con llave cada vez que deseas salir. Cuando lo dejamos, además de sustituirme a mí­, empezó una nueva carrera, hizo nuevos amigos y se cortó el pelo. Su melena fetiche. El último dí­a que le ví­, me dejó sobre las manos una fotografí­a suya en la que escribí­a frases que aún hoy no he conseguido descifrar. Cuando la leí­ por primera vez, en el patio de la universidad que no era un centro universitario cualquiera, sino un pueblo encastrado en la ciudad de gente de buenas maneras y bancos en los que sentarse y observar y ser observado. En ese patio repleto leí la parte trasera de la fotografía y pensé. Está loco.


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Música

De Madrid al cielo

Silbane de Rojo
aticoenelcampo arroba gmail punto com
 

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