Canción primera, miniatura sexta
Cuentame tu sueño de papel.
-Hay un personaje curioso embobado
mirando, mirando
los rayos de tela y truenos de fuego
mirando, observando
gritando y llorando.
Arde tormenta de papel.
Jaulas
La superficialidad del arte reside ahora en la simpática anécdota a recordar. Cada galería contaba con aproximadamente una decena de obras y sus guardianes. Si sólo había una persona, descartada. En la mayoría encontrabas al menos dos, el artista y su marchante. Ambos atrapados en su espacio artístico sin puertas, sin líneas, sin techo, sin cobijo frente a las masas de gente impúdicas cacareando opiniones e incapaces de adentrarse en otros espacios colindantes. Sólo hay una religión para el arte, si estás dentro, tienes licencia para construir tu propio Dios y venderlo. Tendrás la tranquilidad de que si te defrauda, siempre puedes matarlo.
Simetría, la inesperada vuelta
Ecuación
temporal
(5+283+4)·(días)= 5 explorando, 283 viviendo y 4 el inconsciente reencuentro, ¿fin del ciclo?
200 conocidos, 3 amigos, 2 admiradores, 1 casa, 1 azotea, 1 palacio, 1 jardín, 250 cenas, 3.000 cervezas, 500 botellas de vino, 40 de ginebra, 40-tantos polvos, 80 fiestas hasta el día siguiente, 220 paseos al sol y 100 de noche, 250 días sin prisa, 0 exámenes, 20 pruebas académicas, 50 películas, 20 conciertos, 300 discos escuchados por primera vez, 1.000 nuevas palabras y 3 sonidos nuevos, 100 horas mirando el río, 500 el océano, 30 el suelo, 6 viajes, 4 viajecitos. Vuelvo a Porto la semana próxima con los tres amigos que hice allí. ¡Hurra!
Rutina y mentiras
Me doy cuenta de cuánto te echo de menos el mismo día en que me llamas y nos pasamos horas hablando aunque hace tan sólo diez días que nos despedimos y sin embargo a tí te echo tanto de menos porque no has pasado tiempo conmigo.
Espejos
Se abalanzó sobre la bolsa verde que contenía una pegatina con su nombre escrito con una letra pulcra y delicada que no consiguió reconocer. En su interior un pequeño paquete envuelto con papel pinocho también verde marca de la casa de la tienda donde casualmente había estado hacía un par de días. Un lugar lleno de artilugios de diseño en el que no recordó ningún objeto destacable cuyo tamaño cupiese en la diminuta bolsa a la que estaba atacando. Descubrió el papel y vió un gancho de plata que tenía en un extremo una pieza redonda con una mariquita forrada de tercipelo negro en la parte inferior. Fue incapaz de reconocer cómo se debía coger y menos usar. El reflejo desconcertante de sí misma en ese objeto que tuvo entre las manos el resto del día. Lo fue mostrando estupefacta preguntando para qué servía sin saber que llevaba un año necesitándolo, era una percha que se apoyaba sobre una mesa para colgar el bolso. Todos los días gruñía porque se le caía de su silla de trabajo. Incluso el día que tuvo un bonito presente para colgarlo.
Manual para montar una fiesta en la ciudad
Una de las maravillas de los festivos, es poder celebrar el día antes cualquier cosa. De repente, todo el que te ve desea celebrarlo contigo, es más, desea fervientemente los estúpidos objetos con los que te debes ataviar para dar a conocer al mundo que tú si que eres una fiesta. Apenas pasar por delante de una tienda abastecedora de gorros, matasuegras, carracas y demás artilugios festivos, debe ser una excusa para cambiar un atuendo que por muy colorido que sea no deja de tener alma gris. Expecialmente si es un día
normal
.
Puestos los gorros, la reunión debe ser en un sitio kitsch encontrado por casualidad donde no se conozca a nadie y al lado de la mesa debe haber un grifo que tiene una tubería que acaba en lámpara que se regula con el pie al lado de la pata de la mesa. El camarero será más simpático y la cerveza sabrá mejor. En el techo salamandras agarradas al techo de madera pintado se mantendrán quietas expectantes. La idea surgirá de manera natural:un regalo. Se decidirá un objeto o prenda, preferentemente inútil y que pueda comprarse en un bazar chino. Terminadas las bebidas, se procederá al paseo por algún pequeño barrio céntrico repleto de bazares chinos. Se reagruparán inevitablemente los amigos y los que caminen adelantados saldrán corriendo por sorpresa perdiéndose entre las calles. La búsqueda será ingeniosa, y la entrega se realizará en el lugar de encuentro horas después. Adjudicados los presentes, se cocinará, cenará y los amigos se perderán de nuevo por las calles y bares de la ciudad hasta que
su fiesta acabe.
El maestro
Estuve en el único sitio del mundo donde han compartido escenario una veintena de excéntricos caprichosos con cheque en blanco. He mirado, tocado y devorado como una glotona todo lo que imaginaron y luego se ha construido. El maestro de oficio nos guió por las veinte plantas que tiene el edificio. Lleva varios años supervisando cada detalle para que venga yo y me lo zampe todo en unas pocas horas y permanezca saciada durante años.
Mientras subía por las paredes del baño que ideó mi favorita del elenco, él me iba contando como se pensó y una vez ya tenía frente a mi nariz su rodilla, le dije: cuéntame alguna anécdota de esta bañera infinita. Su rodilla me sirvió de apoyo para no caerme puesto que el otro lado del espacio ni llegué a tocarlo con las puntas de los dedos de los pies. El maestro dice, que la Arquitectura es la satisfacción que se siente, la alegría con la que de ella se habla. Hace mucho que no la enseño. Yo la hablo al revés y al derecho, los pies en el cielo y la cabeza en el suelo y el bolsillo de algún loco más loco que yo lleno de sietes.
Feriados
Estaba siguiendo una dieta económica que me permitía lujos como el té con leche de bebida alimenticia que me dedicaba a disfrutar por ejemplo en una terraza de una cafetería del Soho mientras releía la guía de la ciudad. Un tipo trajeado de mediana edad se puso a hablar conmigo. Yo necesitaba un adaptador para recargar mi móvil, y ése día era uno de los cuatro o cinco feriados que tenían al año así que todas las explicaciones que me dió para encontrar tiendas donde lo vendiesen eran inútiles, pero era un día tranquilo y me dí cuenta de que le apetecía charlar. Cuando mencioné que aquí tenemos quince, nuestra distancia amén de la linguística se medía exactamente por esos diez días de vida.